Guachinches en Canarias, comida típica canaria

Puchero canario

Se suele decir, y creo que con acierto, que si vas de turista a un país y no oyes su música y pruebas sus platos típicos no puede decir que lo conociste bien. Cuando a esta tierra llegan millones de personas al año a visitarnos, no todos pueden decir a su regreso que han conocido nuestra cultura y nuestras costumbres.

Yo recomendaría a nuestros visitantes que visitaran nuestros Guachinches. He de explicar que nuestra geografía rural esta salpicada de estas casas de comidas que son negocios familiares casi siempre ubicados en la propia vivienda.

El el Norte de Tenerife y Valle de la Orotava, los Guachinches proliferan en barrios y caseríos, casi siempre al borde las carreteras rurales. Normalmente se vende vino y dos o tres platos diferentes para el tapeo, queso fresco de cabra y “garbanzas”, (aquí esta legumbre se sirve “compuesta”, con costilla de cochino y sabor a la cocina de las abuelas). El pan calentito no nos falta jamas y tampoco el café de después.

Luego están los restaurantes que ofrecen más variedad en el menú, pero siempre comida canaria, carnes a la brasa y los típicos conejos en salmorejo o al ajillo, rematando la comida con nuestros postres caseros, quesillos, bienmesabes y demás delicias cuya lista de especialidades no cabrían aquí.

Nuestros Guachinches tiene una larga tradición, y hoy se intentan regular legalmente las condiciones de su funcionamiento, sobre todo por que los restaurantes los contemplan como competencia desleal, dado que en los Domingos y días de fiesta estos tradicionales “bochinches”, que así es la denominación correcta, atraen una gran cantidad de familias que los visitan para degustar la comida típica tan sabrosa y bastante asequible para la economía de todos los bolsillos.

Para terminar, y si ustedes me lo permiten, hoy voy a tributar un cariñoso homenaje a un amigo guachinchero, el veterano Goyo de Santa Ursula.

Su casa de comidas estaba al borde de la carretera, y se llamaba El Chinchal, nombre que según explicaba el, se lo pudo su padre cuando un día, a la hora de comer, entró un parroquiano más y al ver el gentío exclamó… Compadre, aquí no cabe ya ni una Chincha mas!!!!

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