La matazón del cochino, tradición en La Palma

matanza del cochino en La Palma

Entre las tradiciones y costumbres de los pueblos de la Palma, yo quiero destacar una de ellas, porque solo en esta isla la matanza de un cerdo, o cochino así llamado en esta tierra, es una ocasión para juntar a toda la familia y amigos mas allegados. Ese día de la matazón del cochino es fiesta total.

Antiguamente en las zonas rurales de toda la isla se criaba un cerdo en un goro al lado de la casa, goro hecho de piedras y cubierto sólo a medias para que la pequeña cría no se mojara en la noche. Durante todo el año se le alimentaba para el engorde y al año aproximadamente se le sacrificaba. Era entonces cuando la familia se abastecía de carne para sus pucheros y casi siempre duraba hasta que se llegaba a la siguiente matazón.

Desde muy temprano la familia se levantaba a organizar los preparativos de la ocasión. Y era el encargado de matar el cerdo el primero que estaba listo. Yo siempre me preguntaba como se podía matar un animalito que era como un miembro mas de la familia… Pues así se le cuidaba y alimentaba, claro que era para comérselo después (injusticias de la vida).

¿Cómo se preparaba?… Cuando había pasado el momento mas duro se le quemaba el pelo con pinocha, (hay que decir que los cerdos negros de la Palma llegaban a pesar hasta 160 kilos y esta raza de animales provenían de Ingleterra). Luego de limpiarles bien la piel, se le ponía encima de una gran tabla para el despiece.

Recuerdo muy bien aquella operación. Era como una lección de anatomía forense a lo bruto, cada órgano, cada pieza, era mostrada y explicada por el matarife del momento, y todos aprendíamos en aquellos momentos que el cerdo era el animal mas parecido al hombre (por dentro, se entiende) y que del cerdo se podía aprovechar absolutamente todo, incluso su vejiga, que era lo primero que los niños solicitábamos para inflarla y poder jugar al fútbol un buen rato hasta que se rompía de los patadones.

Ya luego se montaba el gran banquete para todos, y gran parte de la carne magra se comía ese día y se repartía entre la familia y amigos, los cuales se marchaban a sus casas muy contentos y esperando la próxima matanza.

Y aún daba para más… Después de hacer las típicas morcillas dulces de canarias, el “chorizo de perro”, y haber derretido toda la manteca, se ponían en salazón huesos costillas y tocino en grandes barricas de madera, que luego de curarse en salmuera servían para hacer los gustosos potajes y pucheros de la gastronomía insular.

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