La Villa de Moya, en Gran Canaria

Villa de Moya

La isla de Gran Canaria se caracteriza por ser un pequeño gran continente y por ser una isla cambiante con sólo doblar una esquina. Entre sus 21 municipios, se encuentra el municipio de La Villa de Moya.

La Villa de Moya esta ubicada en la zona norte de la isla de Gran Canaria. Cuenta con una superficie de 31.87 km cuadrados, estando el casco urbano a 490 metros, sobre el nivel del mar. Su parte meridional se acerca a las cumbres a 1.771 en la zona de los Moriscos, donde linda con los municipios de Gáldar, Valleseco, Artenara y Tejeda. Por el oeste linda con el municipio de Santa María de Guía, a través de un barranco  que tiene diferentes nombre según el desarrollo de su cuenca. En las cumbre, se hallan dos de los últimos volcanes grancanarios: El Montañon Negro y La Caldera de los Pinos, que estuvieron en erupción hace más de 3.000 años.

El municipio se formo gracias al impulso económico, relacionado con la agricultura, que se produjo después de la conquista de la isla, a finales del siglo XV. Los primeros pobladores, principalmente agricultores, se asentaron alrededor de la ermita en honor a Nuestra señora de la Candelaria. A mediados del siglo XVII, se produce un incremento de la población, por culpa del resurgir del cultivo de la exportación de la caña de azúcar, y se forman  los núcleos de la Villa como Fontanales, Barranco del Pinar, Trujillo, Los Dragos o El Laurel.

Paseando por sus calles, encontramos un patrimonio cultural y natural que no debemos dejar de visitar. Comenzaremos por la Iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria, que cuelga sobre los riscos que se precipitan sobre el Barranco de Moya. Cuenta con tres naves, dos torres adosadas y destaca un amplio rosetón en la fachada y fue inaugurada en 1957. Frente a la iglesia esta La Casa Museo Tomás Morales, poeta importante del Modernismo Español que nace en la villa en 1884, aquí se conservan y exponen una amplia colección de poemas y cuadros ligados al poeta. Luego visitaremos La Heredad de Aguas, de una belleza singular y edificada en piedra basáltica. Consta de 2 plantas, una fachada simétrica y un reloj central en el campanario. Por último iremos a la Ermita de Fontanales, construida en 1872, siendo el patrón San Bartolomé.

Después de este recorrido, podemos  hace un poco de senderismo y visitar El Parque Rural de Doramas, donde destaca la Reserva Natural Especial de los Tiles, unos de los últimos reductos de bosque de laurisilva. También tenemos que hacer una parada en Las Cuevas de Doramas y La Montañeta, que constituyen uno de los bienes arqueológicos más destacados de la región.

Después de tantas visitas toca relajarnos, con un buen baño en la playa de La Caleta o en las piscinas naturales de El Charco de San Lorenzo y una buena comida, donde no debe faltar el queso, el  potaje,  donde el ñame no se debe olvidar entre sus ingredientes y las carnes a la brasa, tanto de cabra como de vaca. El toque dulce lo ponen los bizcochos lustrados y los suspiros típicos del lugar.

Foto Vía: galapago

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