Los atardeceres de Fuencaliente

la palma

El vértice sur de La Palma es una tierra de preciados vinos cuyas virtudes ya se pregonaban en el siglo XVI por boca de los marinos, comerciantes y aventureros. Si el viajero baja desde Los Llanos de Aridane se encontrará con el Bodegón Tamanca, restaurante ubicado en una cueva volcánica donde se come una sabrosísima carne a la brasa.

Pero escoja el camino que escoja, acabará llegando a un pueblo marcado por sucesivas erupciones volcánicas. Fuencaliente es tierra de sol, pues el astro rey nace y desaparece por territorio de este bello municipio. Sus habitantes gozan como ningún otro palmero de estos dos momentos: el naciente sol rosa y gris, a la frescura de los vientos alisios, y el poniente, naranja y rojo en medio de la espiritual aridez de los volcanes.

En días muy claros, desde Fuencaliente se pueden observar las islas de El Hierro y La Gomera, y un poco más lejos, sobre las nubes, el Teide en Tenerife. La punta de la isla cambia bruscamente las corrientes marinas de las dos vertientes, formando la ‘raya del viento’, línea meridiana que se dibuja sobre el océano y separa a un lado la bonanza y al otro la marejada.

Desde los montes hasta el mar, los volcanes han dejado su huella de malpaíses y escorias, sobre los que han crecido pinos entre las grietas de lava. También es el municipio de la isla de mayor longitud en las costas: la oriental, de difíciles accesos y pendientes muy pronunciadas; y la meridional y occidental, que desciende formando escalones.

Los habitantes de Fuencaliente han pasado de ser ganaderos a agricultores. La naturaleza manda. Éste es hoy por el hoy el municipio de menor población de La Palma. Sobre estas tierras de fuego se han construido huertos para el cultivo de la vid, pero además crecen plátanos, fruto que ocupa la mayor parte del municipio.

Foto vía: Pizzodisevo

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