Artenara, el techo de Gran Canaria

Artenara

Artenara es el municipio más alto de la isla de Gran Canaria, y también uno de los más deshabitados. Situado a 50 kilómetros de Las Palmas, está rodeado de colonias trogloditas habitadas, cuevas que son auténticas joyas de la arquitectura canaria, calurosas en invierno y frescas en verano, por lo que muchos artenarenses prefieren las cuevas a las nuevas construcciones.

Se trata de un pueblo de nombre aborigen que a raíz de la conquista fue entregado en regalía a monjes franciscanos, quienes construyeron una ermita dedicada a la veneración de San Matías, al que declaran patrón de sus dominios.

Estos religiosos trataron de evangelizar a los aborígenes canarios para evitar que fueran condenados por los tribunales eclesiásticos. Algunos abjuraron y otros se inmolaron. Pero los franciscanos no pudieron impedir que una leva destinada a las galeras se llevara a los aborígenes que aún vivían para llevarlos como esclavos a las nuevas posesiones americanas.

Uno de los lugares más destacables de la localidad es la ermita excavada en la roca en honor de la Virgen de la Cuevita. Por su parte, la ermita de Acusa está dedicada al Santo Cristo.

Por otro lado, el municipio es rico también en vestigios y restos arqueológicos. Muchos de los descubrimientos fueron trasladados al Museo Canario. También ofrece interés la producción artesana local, tradición que se remonta a la época prehispánica. Existen dos lugares para su preservación: un Ecomuseo, en Lugarejo, dedicado a la alfarería, y el Centro de Recuperación Artesanal, en el centro del pueblo.

Además, se puede visitar el mirador de la Silla de Artenara, con bellas vistas de la zona. La Mesa de Acusa ofrece su naturaleza y sus yacimientos; y la punta de Las Arenas resalta la zona de monumentales acantilados, como el del Andén Verde.

La mayor parte del municipio está integrada en el Parque Natural de Tamadaba, la principal área boscosa de la isla y uno de los espacios naturales de mayor riqueza florística del archipiélago. El fabuloso pinar de Tamadaba, de ocho kilómetros cuadrados de extensión, es uno de los puntos preferidos por los excursionistas, pues esconde sorprendentes parajes, con verticales laderas pobladas de pinos.

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