La Fortaleza de Chipude en la Gomera

Fortaleza de Chipude

La Fortaleza de Chipude, un bonito barrio del municipio de Vallehermoso en la isla de la Gomera, se alza en uno de los parajes idílicos de esta preciosa isla. Es un Roque que presenta una configuración de meseta y que alcanza los 1240 metros de altitud.

Según cuenta la historia dicha cima, a la que sólo se puede acceder por un estrecho camino que existe entre las rocas, era utilizada como refugio de los propios isleños. Pero no fue esa su única utilidad ya que dicha fortaleza sirvió de asentamiento temporal a una comunidad de pastores y de atalaya de defensa cuando había algún tipo de peligro.

Según el historiador Abreu Galindo, los aborígenes le dieron el nombre de Argodey y consideraban a esta montaña territorio sagrado de sus tradiciones. Las excavaciones realizadas por el Departamento de Arqueología de La Laguna dieron como resultado el descubrimiento de varias diferentes estructuras, tales como cabañas circulares, rediles, y conjuntos de cabaña-redil. La datación por carbono 14 dio una cronología de 470 años antes de C.

Chipude

Y a las faldas de esta mítica fortaleza está Chipude, un barrio con encanto y tradición. El municipio de Vallehermoso, el más grande en extensión de la Gomera, cuenta en su territorio con varios núcleos urbanos que se encuentran diseminados por toda su geografía.

Por cierto, que en este paraje espectacular de la isla colombina, y gracias a sus excepcionales condiciones climáticas, concretamente en los municipios de Tazo y Alojera, se han formado auténticos oasis de palmeras de donde se extrae la rica y estimulante de los sentidos miel de palma.

Fortaleza de CHipude

Chipude también está considerado como la cuna de la alfarería en la Gomera. En este barrio, y durante generaciones enteras, las mujeres han fabricado, con sólo sus manos y con dos herramientas tan simples como una piedra de callao y un trozo de latón, todos los utensilios que hacían falta para el menaje de la cocina de aquellos tiempos. Lebrillos, gánigos, cántaros, braseros y bernegales, salían de sus manos hábiles y creativas, oficio y tradición que aun perduran en este laborioso pueblo.

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