La sociedad en Canarias tras la conquista

Historia de Canarias

Una vez finalizada la conquista de las islas Canarias el archipiélago es colonizado por personas procedentes principalmente de España y Portugal aunque también llegaron de otras partes de Europa, atraidos por la promesa de nuevas tierras para cultivar y de prosperidad económica en una nueva tierra. El magnífico clima de las islas propició las actividades agrícolas, las cuales fueron el principal motor económico del archipiélago hasta bien entrado el siglo XIX.

Durante el siglo XVI, las posibilidades en Canarias incluían participar en las rutas comerciales entre Europa y el recién descubierto continente americano, aunque la mayor parte de los colonizadores dedicaron sus esfuerzos a la agricultura y exportación (principalmente a Europa), bien en sus propias tierras o bien trabajando para otros.

Los cultivos del azúcar y de la uva para la elaboración de vino fueron los más importantes en cuanto a exportación y generación de riquezas se refiere, pero con un alto precio en vidas, ya que fue a costa de esclavos traídos desde África. El vino fue el producto más exportado entre los siglos XVI y XVIII, y su producción se llevó a cabo sobre todo en Tenerife, mientras que Gran Canaria mantuvo la hegemonía en cuanto a la caña de azúcar.

Debido a la gran demanda exterior y a que no todas las islas tenían la misma capacidad productiva, se estableció un sistema de comercio interno, para ayudar a aquellas que no producían lo suficiente para su autoconsumo. Este sistema, aunque justo, no siempre fue todo lo eficaz que se desearía. Esto sumado a las competencias extranjeras en la exportación en las nuevas colonias americanas, que ofrecían la caña de azúcar mucho más barata que la producida en Canarias, llevó a una situación de empobrecimiento y hambruna que llevó a muchos canarios a emigrar para poder sobrevivir.

La sociedad de Canarias entre el siglo XVI y el XIX tenía en su punto más alto al virrey, representante directo de la Corona de Castilla, luego los nobles y los miembros de la Iglesia Católica, seguidos por los comerciantes e intermediarios, la mayor parte de los cuales había nacido en el extranjero. La jerarquía social sigue por los agricultores, jornaleros y labradores, entre los que se encontraban también propietarios de pozos y pequeñas parcelas de tierra, que se veían obligados a trabajar por cuenta ajena en caso de malas cosechas propias.

Las clases más desfavorecidas eran los pequeños comerciantes, los artesanos, los campesinos (colectivo que sufrió más que ningún otro la posterior emigración), los esclavos y los mendigos, éstos últimos soportaban a duras penas condiciones realmente inhumanas.

No será hasta mediados del siglo XIX que Canarias comenzará la transformación que dio paso a la sociedad actual del archipiélago.

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