La Casa Lercaro, en la isla Tenerife

Casa Lercaro

El municipio de La Laguna, en la isla de Tenerife, fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999. Su capital, San Cristóbal de la Laguna, es una ciudad con una importante riqueza arquitectónica en la que se incluye La Casa Lercaro.

La Casa Lercaro fue construida en el siglo XVI, más concretamente en 1593, por Francisco Lercaro León, un importante comerciante de origen genoves, que llegó a la isla tras la Conquista. A lo largo de los siglos XVII y XVIII, épocas de mayor esplendor en la ciudad, se vio sometida a varias ampliaciones. Una de su características principales es la puerta que sobresale de la fachada, y que lleva impresa el escudo familiar, y la ventana superior, ambas enmarcadas en cantería imitando a una especie de ladrillos y dibujos renacentistas.

A lo largo del siglo XX tuvo diferentes usos, como albergue de un destacamento militar o como sede de la faculta de Filosofía y Letras, hasta que en los años sesenta es adquirida, por el Cabildo Insular de Tenerife. Es en 1993 después de labores de reconstrucción, que se inaugura como una de las sedes del Museo de Historia y Antropología de Tenerife (MHAT).

Este proyecto nace con el fin de divulgación del devenir histórico de la isla. Además de las tareas de investigación, conservación, difusión y exhibición de fondos y colecciones de la historia de la isla, posee una gran variedad de actividades culturales y didáctica.

Pero sobre este emblemático lugar, ronda una triste leyenda. Según cuentan, en esta casa vivió una joven llamada Catalina, se cree que era hija de Antonio Lercaro, que fue obligada a contraer matrimonio con un hombre mucho mayor que ella. Ante esta situación, la muchacha decide quitarse la vida el mismo día de la boda, tirándose a un pozo que había en la parte trasera de la casa. Se cree que el cuerpo de Catalina esta enterrado en la casa, ya que al haber cometido un suicidio, la iglesia de aquel momento prohibió que recibiera cristiana sepultura en el cementerio. Debido a todo este suceso, la familia se traslada a vivir a la Orotava, según dicen huyendo de la vergüenza de que la boda no pudo llevarse a cabo y de los comentarios de la gente, además de la pena que sentían por la perdida de la joven.

Hoy en día son muchos los testigos que afirman escuchar ruidos, presenciar actos inexplicables, como puertas que se cierran y se abren, objetos que cambian de sitio o se rompen. Además algunos dicen ver el espectro de una joven bajando por el edifico.

Foto Vía: gevic.net

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