Recorriendo El Pinar en El Hierro

El Pinar de El Hierro

La historia reciente del municipio de El Pinar es la de una reivindicación que arranca desde el año 1912, con la promulgación en las Islas Canarias de la Ley Constitutiva de Los Cabildos Insulares. Por aquel entonces, el Hierro contaba con un único término municipal, Valverde, que abarcaba todo la isla, por lo que se hizo necesaria la creación de un segundo municipio para poder fundar el Cabildo del Hierro.

El Pinar se ubica en la vertiente meridional de la isla del Hierro y se abre hacia el Atlántico en un arco orientado hacia el suroeste. Este arco forma un golfo protegido de los vientos por las montañas de El Julán y El Río, un área conocida como Mar de las Calmas. Sobre la cumbre de El Julán se encuentra un extenso bosque de pino canario, con montañas de cota superior a los 1.000 metros como Mercadel, Cruz de los Reyes y Tanganasoga.

En el sector mas meridional del municipio encontramos dos sectores bien diferenciados, El Lajial y La Restinga. El Lajial es una espectacular formación de lava Pajoehoe que se extiende desde una cota de 400 metros y desciende hacia la costa conformando una zona despoblada y de poco aprovechamiento.

Por su parte, la Restinga es un núcleo pesquero que con el paso del tiempo ha ido adquiriendo una cierta y progresiva pujanza poblacional. Cuenta con un puerto con una notable actividad pesquera, alrededor del cual ha surgido el pueblo de La Restinga.

Y hablemos un poco del entorno herreño… En lo meses de Noviembre a Marzo suele llegar la época de lluvias, con precipitaciones que no llegar a ser torrenciales. Los vientos alisios aportan entonces un elevado grado de humedad en forma de lluvia horizontal a causa de la condensación de nubes en las laderas. Debido a este natural efecto surgió la leyenda del Garoé, el árbol sagrado de la isla venerado por los Bimbaches. La explicación se encuentra en que sus hojas destilaban agua de tal forma que era posible recogerla en una alberca que había a los pies del mágico Garoé.

Hoy, los modernos bimbaches herreños siguen recordando sus dioses y mitos sagrados, pero adoran sobre todas las cosas su isla y la tranquilidad y el sosiego de sus montes y de sus playas.

Quien visite este rincón del Atlántico se encontrara con un clima inigualable y unas gentes hospitalarias y acogedoras, que, por cierto, hablan el “canario” mas castellanizado de todas las islas, que los diferencia claramente del acento con se habla en el resto del archipiélago.

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